UNA ARGENTINA NOS CUENTA LA EXPERIENCIA DE VIAJAR A CARACAS, VENEZUELA.

En 2016 Ludmila Brizzi (@Luli_Brizzi) una joven argentina de apenas 21 años, decidió emprender el viaje de sus sueños. Luli (como le llaman sus amigos) viajaría a Venezuela. Una nación que pese a estar golpeada por crisis económicas e inestabilidad política, sigue atrayendo a algunos turistas aventureros. La cara de felicidad de sus padres – tras contarles que se iría de viaje con una amiga- cambió a un rostro de preocupación cuando comentó que volaría a Caracas, una de las ciudades más violentas de América latina, y quizá del mundo entero.

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Caracas, fotografía de @Manuelmarcano37

Segura de que esa era la ruta que quería recorrer, logró que sus padres se resignaran. Ludmila arribó al aeropuerto Simón Bolívar en el mes de noviembre de ese 2016. En sus primeras horas de recorrido, tras haber abordar una camioneta que iba a altas velocidades, y ver los primeros barrios pobres, con miles de casas humildes que se apuestan en las montañas, Luli comenzaba a cuestionar el destino que había seleccionado.

El Ávila, la cara bonita de Caracas. Las dudas se despejaron cuando tuvo su primer contacto visual con el majestuoso cerro Ávila. Una montaña de 2144 metros sobre el nivel del mar, que permanece virgen, en cuyas faldas fue creciendo Caracas. El Ávila es el fondo del paisaje en casi toda la capital venezolana, un pulmón vegetal que irrumpe con su verdor ante una ciudad de importantes edificaciones y muchísimo urbanismo descontrolado. “Lo mejor de Caracas es el Ávila, es hermoso” exclama Ludmila.

Un país de gente buena onda; eso comenta Ludmila cuando recapitula su viaje años después. Recuerda la buena onda del venezolano, que siempre la trató con mucha amabilidad. Los “chamos” la hacían sentir en casa. Una característica que todo visitante resalta. Pese a las circunstancias, el venezolano se las ingenia para mostrar su mejor cara: optimistas, divertidos, coquetos, chistosos, amables, y empáticos con el turista.

Yo pensaba que la arepa era algo ya armado. Cuando me entregaron la cartilla, con el menú de sabores para rellenar, no sabía que escoger

La arepa, una especie de pan asado elaborado con harina de maíz, fue el primer contacto de esta chica argentina con la gastronomía venezolana. Optó por la de carne mechada, por ser el relleno que más se le asemejaba a su gastronomía.

La “Reina Pepiada”- creada para la primera venezolana en ganar el Miss Mundo – rellena con pollo mezclado en mayonesa y aguacate, es la predilecta de los venezolanos. Pero una arepa se puede rellenar casi con cualquier cosa: Quesos, embutidos, carnes, granos, y no se puede dejar de probar el popular diablito, o jamón endiablado, una delicia enlatada que es muy característica de las costumbres gastronómicas venezolanas.

Buenas estructuras. La crisis ha sumergido al país en los últimos años, pero, el desarrollo de Venezuela era tan prospero que su capital cuenta con imponentes edificaciones. Ludmila se deslumbró con la arquitectura del poliedro de Caracas, y los grandes centros comerciales. Eso, dice ella, no se lo esperaba encontrar. Son dejos de la Venezuela de bonanza petrolera, una era que algunos venezolanos recuerdan como “La Venezuela Saudita” donde la abundancia se representaba en proyectos arquitectónicos, crecimiento y opulencia.

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Si algo se disfruta una persona argentina es la cultura tropical de Venezuela. Nuestra viajera no dejó de deleitarse con los batidos, jugos y con las frutas frescas. En especial el mango, que puede encontrarse en cualquier árbol en prácticamente cualquier calle de Caracas. La Maracuyá (parchita), las mandarinas, el coco y el cambur (banano), son manjares cotidianos para los venezolanos.

De esa misma rama tropical, Venezuela disfruta del ron y el chocolate. Ludmila se volvió una amante del coctel “Coco Loco”, una combinación de ron saborizado a coco, mezclado con jugo de piña y azul de curazao. Al igual que recuerda como su paladar deliraba con los bombones que ofrecen las chocolaterías caraqueñas, en zonas como El Hatillo y Los Palos Grandes.

La posibilidad de realizar un trabajo de ayuda social durante su estadía, fue un punto que le dio un toque distinto a este viaje de Luly. Una muchacha que anhela volver a esa Venezuela que muchos evitan por miedo, y que no duda en recomendarnos Caracas como un destino para un viaje diferente.  Después de todo, la devaluación de la moneda venezolana, hace que este país sea baratísimo para el visitante extranjero. Los mochileros pueden hospedarse, comer bien, conocer mucho, y hasta hacer algunas compras, con muy poco presupuesto. Venezuela es tan fascinante que aún en sus peores momentos sigue siendo atractiva para los mochileros de América latina. 

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